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jueves, 15 de agosto de 2013

Ciborg, ¿el ser humano del futuro?


Por: Roberto F. Campos

   El futuro ya no está tan lejano como en las novelas de ciencia ficción. Incluso, muchas obras de este tipo aparecen algo rezagadas con la realidad de adelantos tecnológicos, como es el caso del Ciborg.
   Algunos filmes, adelantan los móviles incorporados al cuerpo, objetos electrónicos de visión integrados a nuestra cabeza y otros elementos que mientras a algunos les provoca rechazo, en otros significa la simplificación de los medios y artilugios, el adelanto.
   El caso de la palabra Ciborg, del acrónimo del inglés Cyborg, donde cabe cibernético y se suma organismo, trae la conjugación de organismo cibernético, y casos reales incluso en el presente.
   Hablamos de una vida humana compuesta por elementos orgánicos y de dispositivos cibernéticos, con la finalidad de mejorar capacidades del cuerpo mediante la tecnología.
 

Un término, un presente y un futuro

   Esa palabra la crearon en 1960 los científicos Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline para aludir a un organismo o criatura mejorada con al finalidad de vivir en entornos extraterrestres.
   Llegaron a dicho término a través de la idea de una relación más íntima entre los humanos y las máquinas, cuando se iniciaba la exploración espacial.
   Estos investigadores se dedicaban al diseño de instrumentación fisiológica y sistemas de procesamiento de datos, pues Clynes era director científico del laboratorio de simulación dinámica de Rockland State Hospital en Nueva York.
   Algunas definiciones acompasaron el término en materia de conexión física y metafísica de la humanidad con la tecnología, algo que ya comenzó hace bastante tiempo y puede transformar al ser humano del “futuro” en ciborgs.
   Se trata de que algunas personas bajo ciertas circunstancias y condiciones, como las espaciales, serían incapaces de sobrevivir sin ciertos implantes, como es el caso de los marcapasos, artilugio que bien puede considerarse parte de un ciborg.
   Otras tecnologías médicas como el implante coclear para la audición lo citan los expertos como parte de tales esfuerzos, pues la persona en sí es incapaz de escuchar el sonido externo sin un micrófono conectado a su nervio auditivo.
   A finales del siglo pasado la imagen de un ciborg que no es ni humano, ni máquina, ni hombre, ni mujer fue tomada por autoras ciberfeministas como es el caso de Donna Haraway en su Manifiesto Cyborg, lo que ponía tonos de duda, preocupación, o aliento desagradable de cara a las tecnologías del momento.
   Esta palabra suele asociarse de manera errónea por escritores y cineastas con robot, del tipo androide.
  Al margen de la ciencia ficción, está el nombre de Kevin Warwick, quien el 24 de agosto de 1998 llevó a efectos el experimento bautizado como Cyborg 1.0 al implantar bajo la piel un chip RFID, solo con anestesia local, con el que controló puertas, luces, calentadores y computadoras, mediante señales.
  En 2004 siguió el Cyborg 2.0, el 14 de marzo, con un chip más complejo implantado en el sistema nervioso del propio Warwick, con el que se conectó a Internet en la Columbia University de Nueva York.
  Con esta innovación además logró mover un brazo robótico ubicado en la University of Reading del Reino Unido. Pero no quedó ahí, pues le implantó un microchip a su esposa para intentar una especie de telepatía, logrando una primera comunicación puramente electrónica entre dos humanos.
   Y lo más curioso es que ninguno de estos experimentos causó daño o interferencias con el sistema nervioso.
   Acto seguido, en el propio 2004, el artista británico Neil Harbisson, se instala y crea de conjunto con investigadores un Eyeborg que coloca en su cabeza para poder escuchar los colores que le rodean y propiamente se convierte en el primer Cyborg de la historia humana.
   Debido a eso, el gobierno británico le prohíbe renovar su pasaporte y Harbisson comienza una campaña para defender los derechos de los ciborg, al justificar que el ojo electrónico no es un aparato, sino parte de su cuerpo y extensión de sus sentidos.
   Finalmente fue aceptada la novedad como parte de su cuerpo, y su foto con el eyeborg incluida en el pasaporte.
   A partir de tales experiencias, se crea la Cyborg Foundation, primera organización internacional del mundo dedicada a ayudar a los humanos a transformarse en ciborgs, ideada en 2010 por Neil Harbisson y Moon Ribas a partir de miles de cartas de interesados en el asunto.
   Los principales objetivos de la fundación están en extender los sentidos y las capacidades humanas, creando y aplicando extensiones cibernéticas en el cuerpo.
   Filmes como Star Wars presentan a un maléfico Darth Vader quien al perder sus extremidades y quemado vivo, logra recuperarse con extremidades robóticas. Otro ejemplo de esa época es la película RoboCop, The Terminator y demás personajes de aventuras, que ya no parecen tan distantes.
   Lejos de la ficción, Neil Harbisson, nacido el 27 de julio de 1982 en Belfast, Reino Unido, artista visual y fotógrafo, recibió varios premios por su audacia; ahora reside en España y es considerado propiamente el primer ciborg del mundo.
   Su eyeborg consiste en un sensor que Harbisson lleva al lado de su ojo y que enfoca en la dirección que mira. Ese sensor envía todo lo que percibe en un chip instalado en su nuca. Ese chip transforma las frecuencias de la luz en frecuencias audibles que puede interceptar y tener una escala de colores.
   Harbisson padecía una enfermedad que le impedía distinguir los colores y a partir de este artilugio pudo suplir la carencia.
   Ese invento fue creado en colaboración con el británico Adam Montandon, el trabajo de ambos universitarios fue reconocido con el premio británico de innovación otorgado por Submerge en Bristol, Inglaterra en 2004, entre otros galardones.
   Ante este ejemplo se abre un amplio horizonte reforzado por el desarrollo de las nuevas tecnologías que bien puede resolver problemas o ampliar capacidades en el ser humano. Esperemos a nuevos ejemplos que consoliden la experiencia o auguremos un futuro donde todos los humanos seamos Ciborg.
rfc/


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