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martes, 20 de marzo de 2012

Mi viaje a Honduras. San Pedro Sula, algo más que industria

        Por Roberto F. Campos, enviado especial

.Si con tres palabras se fuera a caracterizar a la ciudad hondureña de San Pedro Sula, el viajero más detallista de seguro escogería, colorido, afabilidad y comercio. Eje industrial del país, sin embargo tiene tantas particularidades que imposibilita resumir en algunos vocablos sus bondades.

El colorido de las flores y el gorjeo de los pájaros, sobre todo el zorzal, atrapan de una primera mirada al visitante que llega a San Pedro Sula, en Honduras.
Se trata de una de las urbes más antiguas del país, fundada por el explorador español, Adelantado Pedro de Alvarado el 27 de junio de 1536, con una primigenia titulación de San Pedro de Puerto Caballos.
Para algunos autores la palabra Sula proviene de los mayas y significa Pueblo elegido, aunque otros investigadores le adjudican traducciones diferentes. Sin embargo, la mayoría acepta a Sula como Usula o Valle de Pájaros, lo que aun hoy se puede apreciar al recorrer el lugar.

Un paseo muy atractivo

Considerada la capital industrial de Honduras, sin embargo los paseos por sus alrededores y sus atractivos turísticos, indican una variedad de posibilidades que mucho tienen que ver con la historia, la naturaleza, recorridos de aventuras o viajes de negocios y congresos.
Precisamente, una idea lo más cercana a estas posibilidades la tuvo este periodista durante una visita en esa ciudad a algunos puntos de interés.
Como nota más sobresaliente, el agrado provino de unos sanpedranos muy amables y conversadores, capaces de indicarte con acierto los lugares por los que indagas, o simplemente hacer amistad al paso.


Parque central de SPS
El colorido parte de los jardines de distintos lugares de la ciudad y sobre todo de su mercado de artesanías, conocido como Guamilito, toda una manzana repleta de lo que puede desear ver o comprar un viajero, tanto con premura como con tiempo suficiente.

Vendedora de flores en mercado artesanal
Allí una cuadra de arreglos florales y mujeres sonrientes, se conjuga con un interior donde unas muchachas hacen la típica tortilla, el plato hondureño y centroamericano, base a la cual se le añade todo tipo de preparados desde carnes hasta pescados.
Ese también es el sitio que rebosa de frutas y carteras coloridas o hamacas de diferentes tamaños, piezas desde miniaturas hasta grandes cuadros, o mariposas de diferentes materiales, con un repunte de arcillas y bellezas a cada paso, apretadas entre rincones y pasillos.
La calle también es escenario de encuentros muy peculiar, donde la gente espera al comprador, a veces con un gusto muy particular por recibir a ciertas nacionalidades, como a los cubanos.
Quizás por ese deseo de fraternidad y ayuda de médicos de la Isla, los sanpedranos, y hondureños en general, aprecian con mucha valía poder conversar con alguien, como con este periodista llegado desde La Habana.
El calor es algo que en un inicio puede asustar, pero no confundir, pues pese a las altas temperaturas en un verano que con fuerza inicia en abril, de entre 37 y hasta 40 grados centígrados, se recibe cierta brisa, y permite andar las calles sin preocuparse por el clima.

Un lugar con historia y mucho futuro

La industria se desarrolló en este lugar de muchas maneras, desde tiempo atrás. Como otras ciudades de la América, el lugar inicial de la urbe junto al actual puerto Cortés, tuvo que moverse debido al ataque de corsarios y piratas.
Tales avatares no impidieron que creciera la ciudad y pese a conflictos y devaneos, llegara a lo que es en la actualidad.
Por tanto, a finales del siglo XIX, San Pedro Sula se transformó de una aldea de descanso y tránsito comercial a un espacio para generar y vender productos agrícolas.
Con ese salto, de 1920 a 1930, la producción de banano llegó a ocupar para toda Honduras el 75 o 85 por ciento de las exportaciones, y Sula estuvo muy beneficiada por esas ventajas.
La ciudad aparece en el noroeste del país, en la porción oeste del Valle de Sula, en el Departamento de Cortés.
Topografía plana, su división aceptada desde el punto de vista geográfico está en la Zona de Reserva de la Cordillera del Merendón con 395 kilómetros cuadrados y la del Valle de Sula propiamente.
Desde la mayoría de los puntos de la ciudad se logra apreciar en esa montaña (Merendón) un cartel lejano, al estilo del Hollywood de los Ángeles, con el rótulo de Coca Cola, quizás demasiado extranjero para identificar un lugar tan maravilloso y de bellezas naturales.
Artesanía hondureña
A nivel de datos elementales, San Pedro Sula está a 244 kilómetros de Tegucigalpa, la capital, y su Puerto Cortés es considerado el más importante del país y Centroamérica, a 58 kilómetros hacia el norte.
Muchos son los atractivos, Tela con sus playas, Copan Ruinas, con todos los vestigios mayas, y una población que sobrepasa los 700 mil habitantes.
Ya para finales del siglo XX e inicios del XXI aumentó la población debido al establecimiento de parques industriales que caracterizaron el lugar.
Por tanto, el turismo muy bien puede estar entre los planes de sus autoridades, con tantos y tamaños lugares de recreo activo que rodean a la urbe, pero además con las potencialidades para organizar congresos, eventos y atender viajes de incentivos.
En la actualidad Sula está dividida en ocho sectores, y su municipio cabecera propiamente es la zona industrial más importante de la nación con farmacéutica, hule, refrescos y cervezas, textiles, algodón, imprenta, plásticos, tabaco, cosméticos, sueros, carne, concreto, jabón y pinturas.
Al lugar se puede llegar por carretera o mediante el Aeropuerto Internacional Ramón Villeda Morales, a 15 kilómetros de la ciudad y enlace regular mediante las aerolíneas LACSA, TACA y COPA, entre otras.
Por tanto, la metrópoli está conectada tanto a las principales urbes del país como hacia el extranjero.
Como algunos de los tantos sitios de interés, pueden aparecer en la lista del viajero además de Copan ruinas, la catedral San Pedro Apóstol, y su parque central, el Parque Nacional Cusuco, el Museo de Antropología, el Museo Daisy Fasquelle Bonilla (pintura), o el Museo de la Naturaleza.



Vendedor de la ciudad
Sin embargo, capítulo aparte puede ser Tela, en la costa, con uno de sus asentamientos garífunas, o de población negra, que colaboran en el turismo con el cuidado de la playa y la atención al visitante, las escuelas para los niños, bien ordenadas, y su cultura ancestral.
Ello quizás quiera remarcar, que San Pedro Sula es sorpresa, alegría, deseos de vivir y de crecer. Palabras que bien pueden sumarse a las descripciones de este lugar que busca su cuesta ascendente, y mediante el turismo tiene mucho que encontrar.
rfc/
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