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sábado, 17 de noviembre de 2012

Un famoso pintor cubano, el turismo y los habanos

Nelson Domínguez explica sus proyectos

Nelson D y obra Catarsis del Juego al fondo

El pintor entrega dos de sus afiches a la prensa

Nelson Domínguez con periodistas



Por: Roberto F. Campos
Fotos: El Autor

   Considerado uno de los pintores modernos cubanos más reconocidos, hoy Nelson Domínguez significa además vínculo ineludible entre el arte y la cultura de este país con el turismo y el mundo del habano.
   Sus obras para la ambientación de hoteles constituyen verdaderas muestras del vínculo con la industria recreativa, como el mismo artista lo reconoce en la actualidad.
   Cuadros de este artista aparecen en hoteles del archipiélago, operados por la cadena española Sol Meliá, con la finalidad de sensibilizar a turoperadores y agentes de viajes, para un contacto mayor de sus clientes con la rica cultura de esta nación.
   Mediante un diálogo ameno en su taller de La Habana Vieja, a unos metros de la Plaza de San Francisco de Asís, la más antigua de la capital cubana, el pintor muestra sus opiniones de manera franca y exhibe su satisfacción por su nexo con la sociedad y sus problemas.
   Precisamente, por esos días convocó a artistas cubanos y extranjeros a donar obras de importancia para una subasta de enero próximo, con la finalidad de destinar la recaudación a los damnificados del ciclón Sandy, que azotó la región oriental cubana.
   Su espectro abarca un amplio margen, pues alguno de sus manteles aparecieron en subasta durante el Festival del Habano, la reunión más importante de los puros Premium en el mundo, que cada febrero acoge a unas mil personas de 70 países en esta capital.
   Domínguez es fumador de habanos, y reconoce que puede escoger cualquier marca por la calidad indiscutible de todas. Fumar un habano al amanecer le ayuda a reorganizar sus ideas, a trabajar, a programar el día, dice con énfasis a este periodista.
   Su vida se mueve por muchas de estas aristas artísticas; en el balneario de Varadero, distante unos 140 kilómetros hacia el este de la capital, también están sus cuadros, en el Meliá Varadero.
   Y en el lobby del Meliá Cohiba de La Habana por lo general siempre hay una obra suya.
   Dejar huellas culturales es importante, y adelanta que en breve irá a Camberra, Australia, donde planea crear una de sus esculturas, en una plaza pública, junto con otros artistas latinoamericanos.
   Turismo, cultura tabacalera, viajes, esencias que forman parte de un todo aun mayor que signa esta vida de artista; campechano, con una gorra, un puro en los labios y, sobre todo, con una sonrisa tanto para el amigo, como para el recién conocido, son huellas indelebles.
   Perteneciente al Club de Fumadores Jean Nicot, de La Habana, exhibe su gusto por el tabaco de este país, junto con otros diplomáticos, políticos y artistas cubanos que también tienen presencia en ese grupo.
   El tabaco cubano es bueno en cualquier momento, ayuda a la reflexión, confiesa.
   Nacido en el oriental poblado de Baire, Santiago de Cuba (23 de septiembre de 1947), creció en la Sierra Maestra donde estuvo hasta los siete años, de ahí su raíz popular, pues trabajó en una finca, en contacto directo con la naturaleza.
   La familia incluso puso a disposición del Ejército Rebelde su casa en épocas de las luchas de este país que dieron origen al triunfo de la Revolución Cubana en 1959.
   Algunas de las reseñas sobre su persona estiman que de pequeño conoció al líder cubano Fidel Castro; esa extracción humilde le proporciona una visión muy popular del momento que le tocó vivir, señales en sus obras y, sobre todo, en su vida y vínculos sociales.
   El enriquecimiento artístico pasa por estudios de acordeón, previo a su ingreso en 1965 en la Escuela Nacional de Arte (ENA), y ya para quinto año apareció entre los mejores expedientes junto a otras glorias cubanas como Pedro Pablo Oliva y Flora Fong.
Taller del artista en La Habana Vieja
   Profesor y artista, constituyeron en esos inicios una simbiosis que le llevó de la mano hacia alumnos de destaque como Zaida del Rio, Rogelio López Marín (Gory) y Flavio Garciandía; docencia hasta 1980.
   Completaron su instrucción seis años en el Instituto Superior de Arte (ISA); ese fue solo el comienzo de una fructífera vida como artista.
   Cuenta con más de 100 exposiciones personales y muestras colectivas tanto en Cuba, como en el extranjero, con colecciones en Japón, Estados Unidos, México, Nicaragua, España, Italia, Alemania, Gran Bretaña, Rusia, Canadá, Argentina, Chile, Brasil, Panamá, y Holanda.
   También sus obras están en Suecia, y en varias instituciones cubanas, con la huella de una convicción poética, y la remembranza del momento y el país en que vive.
Placa de la galería del pintor
   Con su habitual diálogo, frente al cuadro Catarsis del juego - previsto para la subasta de enero-, explica la importancia de esa puja, para ayudar a personas necesitadas; poner en función de las personas su arte y el de muchos otros que deseen participar.
   Reitera la necesidad de una obra original, como Catarsis… que mostró oportunamente a la prensa, óleo sobre tela de 1,80 por 1.98 centímetros.
   Su expresión es convincente; sus ademanes, recordatorios del niño campesino criado en la Sierra Maestra. Sus discrepancias, con los turoperadores que no conducen a los turistas a un conocimiento del arte cubano, que identifican lo repetitivo y no la cultura en sí.
   Nelson Domínguez constituye la asociación del presente con sus necesidades, con el arte; el impacto del turismo como industria de paz y tolerancia, sus gustos con las tradiciones expresadas en el habano; pintor de estos tiempos, emblema de una ínsula en desarrollo.
rfc/




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