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viernes, 28 de junio de 2013

La Manzana de Gómez habanera y su segunda vida




Por: Roberto F. Campos



La Habana.- Como impresionante monumento al comercio en La Habana, ahora ese monstruo de fachadas herméticas y vista al Parque Central, parece tener una segunda oportunidad de la mano de la Oficina del Historiador de la Ciudad.
   Oportunamente, el historiador de La Habana Eusebio Leal, confirmó su reconstrucción, ya apreciada por los transeúntes al ver el inicio de los trabajos y el despeje de sus pisos.
   Con anterioridad, ya el deterioro había alcanzado al edificio y los comercios que ocupaban sus espacios, necesitaban una nueva vida de la mano de arquitectos emprendedores que recuperaran lo que alguna vez fue ese edificio, ahora con nuevas ideas como incluirle un hotel.
   Se encuentra en un lugar sumamente populoso de la capital cubana, en un ala del Museo Nacional de Bellas Artes en su colección universal, lo que también fuera en su momento el Centro Gallego.
  Entre los propósitos confesos, está por tanto aprovechar esa mole que ya se caía a pedazos, para propiciar a turistas una estancia sumamente agradable, céntrica y versátil, además de reintegrarle a la Manzana sus valores de establecimientos que brillaron en su momento.


Una manzana de oro y turismo

   El periodista e historiador cubano Ciro Bianchi oportunamente mencionó el tema y alertó que desde hace más de 100 años ese lugar constituye punto de referencia para los habaneros, pues muchas personas le mencionaban a amigos y familiares una consabida frase: Lo compre en la Manzana de Gómez.
   Ese edificio se ubica en las calles San Rafael y Neptuno, y Monserrate y Zulueta, y en sus inicios ocupó solamente una planta, con galerías cubiertas hasta 1918 que se le añaden cuatro niveles, y para facilitar los accesos le colocan ocho ascensores.
   En total llevó 560 cubículos que se emplearon en oficinas, y otras instancias como las academias comerciales Pittman ubicadas en el segundo nivel y la Gregg en el quinto, con alumnos en busca de prepararse en métodos de taquigrafía y mecanografía.
   En uno de esos espacios del edificio estuvo la Institución Iberoamericana de Cultura presidida por el sabio cubano Fernando Ortiz, además de representaciones consulares y diplomáticas.
   Otra de las delegaciones en el lugar correspondía al ambiente legal, con notarias y bufetes, y al mundo literario y periodístico con la oficina de la revista Show liderada por Carlos M. Palma, que en su tiempo llevaba amplia circulación en Cuba y parte del extranjero.
   Los detalles de historiadores insisten en que desde 1832 las tiendas acapararon las calles habaneras de Muralla y Oficios, junto a otras arterias, y muchas personas preferían los paseos vinculados con los comercios, sobre todo las mujeres para regresar a casa con algún paquete de su preferencia.
  Todo parece indicar que la primera de las tiendas que aparecieron en el lugar fue una peletería que se abre en la parte de San Rafael nombrada La Exposición, y en Zulueta otra muy conocida resultó El Lazo de Oro.
   Las notas del momento señalan que Julián de Zulueta y Amondo, Marqués de Álava, comenzó la construcción del inmueble y para ello solicitó los esfuerzos del arquitecto español Pedro Tomé Verecruisse.
   Sin embargo, el edificio quedó durante muchos años incompletos, y finalmente lo terminaría la familia Gómez Mena.
   La Manzana por tanto tuvo el banco de esa cuna, y las oficinas de su compañía azucarera, por la que fueron sumamente conocidos en este país, con tres centrales en la propia provincia de La Habana y otro en la central Las Villas, para ese entonces, en la actualidad Villa Clara.
   Como nota curiosa, dos integrantes de esa familia fueron atacados en su propio edificio, cuando el 29 de enero de 1951 José Gómez Mena murió a tiros cuando subía al edificio por la puerta de Zulueta.
   Los historiadores como Bianchi certifican además que 34 años antes, el 11 de enero de 1917, muy próximo a ese mismo lugar, su hermano Andrés también resultó agredido y muerto por el relojero catalán Fernando Reugart.
    Julián de Zulueta edifico la Manzana hasta el primer piso en una obra que comenzó sus labores en 1890. A esa mole se le deparó un amplio sótano para aprovechar los fosos de la Muralla que había sido destruida años atrás, la Muralla de La Habana, para proteger de ataques de piratas, ya innecesaria.
   Fue Andrés Gómez Mena quien acabó hasta esa primera planta, y además edificó dos teatros en los altos, el Politeama Grande y el Politeama Pequeño, que tuvieron muy poco tiempo de existencia, de ahí que casi nadie les recuerde en crónica alguna.
   Para 1918 llegó la ampliación definitiva, los ascensores mencionados, y los 560 departamentos con pasillos y portales por donde diariamente pasaban alrededor de 25 mil personas; Manzana que granjeaba a la familia propietaria unos mil pesos diarios, toda una fortuna para su momento.
   Todavía muchas personas recuerdan la sombrerería El Lazo de Oro y El Louvre, y grandes carteles que llamaban a la compra como Agencia de los mejores fabricantes de sombreros, Vean nuestros equipajes, o en inglés Shoes and hats store, que atraían al mejor postor.
   Ahora, el impresionante edificio ayudará al colorido turístico de La Habana, con una amplia variedad de comercios y oficinas que deben resurgir con la estirpe de la modernidad, y la recuperación de brillo de antaño.
rfc/





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