Por
Roberto F. Campos

Una fiesta sumamente colorida, posicionó este
fin de semana a una multitud descendiente de chinos, a curiosos y muchos
turistas que de paso por la ciudad retrataron el acontecimiento.
Dedicado al Gallo en esta oportunidad, el 28
de enero comenzó el Año Nuevo Lunar o Festival de Primavera, con una
demostración de la Escuela Cubana de Wushu en el Barrio Chino de la capital
cubana, que sobre todo sorprendió por la habilidad de niños.

Precisamente, la Escuela Cubana de Wushu, fundada
en 1995, y liderada por Roberto Vargas Lee en el corazón del Barrio Chino,
desarrolla el Wushu (Arte Marcial Chino).
Además, esta escuela auspicia la práctica de
los Ejercicios Terapéuticos (Jian Shen Qigong), y participa en el rescate de la
cultura y las tradiciones chinas, y en la formación de nuevas generaciones.

En
esas estrechas calles, donde ocurrió el inicio de los festejos, también aparece
el centro cultural Confucio y otros elementos de la cultura asiática.
El Año Nuevo chino, es la celebración más
importante de las fiestas tradicionales de esa nación. El 28 de Enero de 2017
comienza el año 4715 según el calendario tradicional, que corresponde con el
Año del Gallo.

Todo el mundo lo celebra, sobre todo durante
los tres primeros días del festival (28, 29 y 30 de enero).
El Barrio Chino de La Habana es todo
colorido, con el predominio del rojo, y
restaurantes conocidos en Cuba como Paladares, ofrece al caminante los
platillos que imitan lo mejor posible las recetas del lejano país.
Sin embargo, un estilo muy tropical le
inunda, donde se confunden entre los transeúntes extranjeros deseosos por tener
de primera mano una novedad.
Ubicado a pocos metros del Capitolio, entre
la calle Amistad y Dragones, resultaba el más grande e importante del Nuevo
Continente, y en la actualidad subsiste gracias al espíritu de los
descendientes.

Pero este lugar es prácticamente una leyenda
que comenzó con los primeros chinos que se radicaron en La Habana en 1858,
entre ellos Chang Leng, con una pequeña fonda, y Lam Siu Yi con un puesto de
frutas y hortalizas.
De 1847 a 1874 llegaron a La Habana
alrededor de 150 mil chinos, casi todos hombres, los llamados Culíes para
sustituir a los esclavos africanos. Pero después, desde 1869 hasta la primera
mitad del siglo XX, ocurrieron diferentes oleadas de chinos libres, procedentes
de Estados Unidos.

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