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martes, 17 de febrero de 2026

NOVEDADES TURÍSTICAS Y CULTURALES DE CUBA Comienza también en Cuba Nuevo Año Lunar chino Por Roberto F. Campos. FOTOS El Autor


NOVEDADES TURÍSTICAS Y CULTURALES DE CUBA

Comienza también en Cuba Nuevo Año Lunar chino

Por Roberto F. Campos. FOTOS El Autor

 

La Habana, 17 feb.2026.martes. El Año Nuevo chino (del Caballo de Fuego para 2026) comienza hoy en el panorama asiático, mientras también acontece en Cuba con un impacto muy turístico.

   Esta relación acontece sobre todo por la historia y la formación de la nacionalidad cubana que también incluye a la procedencia china, en una nación muy mezclada desde sus inicios, con el acento español, haitiano, francés, hebreo y chino.

  Todo ello se traduce por un colorido inusual que tiene buen eje en el Barrio Chino de La Habana, donde se celebran muchos festejos por la fecha.

  Precisamente, la nacionalidad cubana está compuesta entre otras muchas, por dicha procedencia, y cada Año Lunar, como se le conoce tiene una relevancia determinada, sobre todo en el Barrio Chino de La Habana, ahora con el Caballo de Fuego como centro y el 17 de febrero fecha angular.

   Cuba celebra el Año Nuevo chino del calendario lunar con un amplio programa de actividades que van desde enero hasta finales de febrero y poco más allá.

   El calendario incluye Programa artístico, conferencias, pronósticos del año 2026 según energías del horóscopo chino, ambiente deportivo del Proyecto Arco de Cambio, con sede en la Escuela Cubana de Wushu, y otros encuentros.

  Pero sobre todo, se trata de jornadas cuando turistas nacionales y extranjeros visitan el Barrio Chino, recorren sus callejones y toman fotografías de tan bullicioso y colorido espacio.

   La Fiesta de la Primavera o inicio del Año Nuevo chino del calendario lunar constituye la celebración tradicional más importante de las comunidades de origen chino en todo el mundo.

   Con más de cuatro mil años de historia, la festividad celebra el fin del invierno y el inicio de un nuevo ciclo marcado por la renovación y la esperanza.

   Para los expertos consultados, el 17 de febrero de 2026, al son del repique de los tambores y bajo el cielo caribeño, la comunidad china de Cuba dará la bienvenida al Año Nuevo Lunar 4724, que corresponde al Año del Caballo, y más específicamente, al Caballo de Fuego.

    La historia china en Cuba se remonta a mediados del siglo XIX, con la llegada de culíes contratados para trabajar en los cañaverales. Tras la abolición de la esclavitud, muchos se establecieron como pequeños comerciantes, artesanos y agricultores.

    Para principios del siglo XX, el Barrio Chino de La Habana, centrado en las calles Zanja, Dragones, San Nicolás y Cuchillo, era el más grande y vibrante de América Latina, con decenas de miles de residentes, teatros, periódicos, asociaciones de origen (Kongsi) y una efervescente vida social.

   Desde finales de los años 90, un proyecto de revitalización, impulsado por el Grupo Promotor del Barrio Chino y con el apoyo del Gobierno cubano y de la República Popular China, logró rescatar tradiciones, restaurar edificios emblemáticos y reavivar el interés por la cultura.

  En la actualidad ese Barrio constituye símbolo de cubanía mestiza y puente cultural.  Para Cuba, recibir al Caballo de Fuego en 2026 es particularmente simbólico, pues se trata de un animal de trabajo y progreso, unido al elemento Fuego, que purifica y transforma.

/rfc

 















 

sábado, 14 de febrero de 2026

NOVEDADE TURÍSTICA Y DE TRANSPORTE Los Morris Minor de Cuba, atractivo turístico Por: Roberto F. Campos, FOTOS: EL AUTOR



NOVEDADE TURÍSTICA Y DE TRANSPORTE

Los Morris Minor de Cuba, atractivo turístico

Por: Roberto F. Campos, FOTOS:  EL AUTOR

 

La Habana, sábado 14 de febrero de 2026..- Uno de los atractivos turísticos más sobresalientes hoy de Cuba está en los coches antiguos o clásicos que corren por las calles del país, sobre todo en La Habana, cargados de ingenio y colorido.

   En ellos pasean por lugares atractivos los turistas, sobre todo viajeros que llegan con un plan de vacaciones que los incluye.

   Un automóvil Antiguo y uno Clásico, se diferencian, pero realmente las disparidades son casi mínimas.

   Los expertos consideran que la principal diferencia es la edad y el valor cultural-legal, pues el primero suele tener más de 30-45 años, y es valorado por su rareza y antigüedad original.

   Mientras,  un Clásico suele tener 20-30 años y se define por su diseño, iconicidad y estado de conservación, siendo a menudo sinónimo de vehículos de época deseados como Muscle cars (coche musculoso), aunque Histórico es una categoría legal que requiere catalogación oficial.

   Pero en La Habana y otras ciudades cubanas esa diferencia es casi imperceptible. Sobre el tema, sin embargo, nos llamó la atención un Morris Minor, vehículo poco usual en el transporte de turistas, sobre todo por no ser descapotable por lo general, en algunas versiones y más pequeño.

   De ahí, que entresaquemos de esa flota de coches con atractivo este modelo para ponerlo como ejemplo de que mantenerlo rodando constituye todo un acontecimiento.

 

MORRIS MINOR EN ACCIÓN

   Podríamos hablar entonces de Una Mancha Roja en el Tráfico Habanero, a juzgar por unos mecánicos improvisados consultados por este periodista.

   Entre la marea de cromados Chevrolet Bel Air y Ford Fairlane de los años 50 que dominan el imaginario del auto clásico cubano, existe una silenciosa, diminuta y peculiar resistencia: el Morris Minor.

   Estos pequeños automóviles británicos, a menudo pintados de un rojo brillante, se convirtieron en curiosidad rodante dentro del paisaje urbano de La Habana.

   Su presencia es testimonio de la diversidad y la capacidad de adaptación de la isla, donde no solo sobreviven los gigantes americanos, sino también estos humildes, pero resilientes autos ingleses.

   El Morris Minor fue concebido por el legendario diseñador de la industria automotriz británica, Sir Alec Issigonis (quien más tarde crearía el revolucionario Mini).

   Fue presentado en el Salón del Automóvil de Londres de 1948 como un vehículo práctico, económico y moderno para la familia británica de la posguerra. Fue un éxito instantáneo, produciéndose hasta 1971, con más de 1,6 millones de unidades fabricadas.

   Por tanto, se hace obligatorio referir sus características. Por ejemplo, en cuanto a su diseño, tiene una carrocería monobloque (en lugar de con chasis separado) redondeada y orgánica, que marcó una ruptura con los diseños angulosos pre-guerra.

    Referido a su tamaño, es muy compacto, con una longitud de poco más de 3,7 metros. Lleva un motor originalmente de 918 cc y 27.5 HP (en su versión inicial Series MM).

   Y luego evolucionó a motores de 948 y 1098 cc en versiones posteriores (Series II y 1000). Jamás fue un auto veloz, pero sí notablemente económico.

   Por tanto, entre sus curiosidades están los sobrenombres, pues en el Reino Unido se le conoce cariñosamente como The Poached Egg (el huevo escalfado) por su forma, o Moggie, un apodo británico informal.

 

EL MORRIS EN CUBA

   La ruta de los Morris Minor a Cuba es menos conocida que la de sus contrapartes americanas, pero sigue la lógica de la importación de vehículos antes de 1959 (se cree que arribaron a la isla principalmente en dos olas).

   La primera llegada fue a Finales de los años 50, en la etapa terminal de Fulgencio Batista. Cuba era un mercado abierto, por tanto, agentes importadores podían traer vehículos de Europa para una clientela que buscaba algo diferente o más económico.

   Ello comparado con los grandes coches estadounidenses, y en ese empeño clasificaron los Morris Minor, con su fama de robusto y barato.

   La segunda oleada fue en la Década de 1960, tras la Revolución Cubana de 1959, debido a las trabas económicas, comerciales y financieras de los Estados Unidos contra la isla, que aún se mantienen.

    Tras la Revolución, las fuentes de repuestos y vehículos nuevos desde Estados Unidos se cortaron.

   Cuba diversificó sus importaciones hacia países de Europa del Este y también hacia aliados occidentales como el Reino Unido. Es probable que algunos Morris Minor (quizás modelos nuevos o usados) llegaran durante esta década.

   Señalan los documentos, que no hubo una importación masiva, sino más bien un goteo que resultó en una población pequeña, pero significativa llegada.

    Los más comunes en las calles habaneras son los modelos Series II (1952-1956) y los Morris 1000 (1956-1971), en versiones sedán de cuatro puertas y, en menor medida, los convertibles Tourer.

   Debido a ello, lo que hace a los Morris Minor de La Habana especialmente fascinantes es su historia de supervivencia.

   Empecemos, por la Adaptación Mecánica (El Invento): Al igual que los autos americanos, los Minor sufrieron el Síndrome de la sustitución de piezas.

   Con la casi imposibilidad de conseguir repuestos originales ingleses, los mecánicos cubanos realizaron y realizan ingeniosas adaptaciones. No es raro encontrar un Minor con motor ruso de Lada o Moscovich.

   También llevan piezas de suspensión y frenos provenientes de una variedad de marcas soviéticas o asiáticas. Su mecánica simple los hacía relativamente fáciles de adaptar.

   De ahí que tengan en la actualidad un Sello Estético, pues muchos fueron pintados de colores vivos, siendo el rojo uno de los más populares. Conservan, en general, sus líneas originales, aunque a veces se les ven faros o llaves de otros modelos.

   Para irnos al Estado Actual, son Autos raros de ver. Muchos están en manos de coleccionistas o de familias que los conservan con cariño, por décadas.

   Además, no son tan codiciados para el negocio del taxi turístico como los grandes americanos, por lo que suelen estar más ligados a un uso familiar o personal.

      Se trata por tanto de Un Icono de Nicho. Entre los amantes del automóvil clásico en Cuba, el Morris Minor tiene un estatus especial, ya que es Underdog, el pequeño auto europeo que, contra todo pronóstico, también sobrevivió al Período Especial y a la escasez.

   Sin embargo, para el turista atento, descubrir un Morris Minor en las calles de La Habana es como encontrar una joya escondida. Ofrece una perspectiva diferente de la narrativa automotriz de la isla.

   Y Para el Fotógrafo, su pequeño tamaño y color brillante (a menudo rojo) crean una composición visual encantadora en contraste con la arquitectura colonial o los coches americanos.

   Captar uno circulando por una calle de Centro Habana o estacionado en una plaza de La Habana Vieja es una fotografía única, lo que es nuestro caso.

   Para el Curioso, es una Conversación segura, pues los dueños de estos autos suelen ser apasionados de su historia y estarán encantados de explicar cómo llegó el coche a su familia, qué adaptaciones tiene y las batallas por mantenerlo en marcha.

   En cuanto al que logramos fotografiar, era de un amigo, con algo de conocimientos de mecánica, quien poco después lo vendió por buscar un vehículo más grande para la familia, pero llamaba la atención desde un primer momento.

   Referente a Un Símbolo de Diversidad, representa que la flota clásica cubana no es monolítica. Es un recordatorio de que, antes de 1959, Cuba era un crisol de influencias, y que la resiliencia mecánica post-revolucionaria se aplicó a vehículos de todas las procedencias.

   Los Morris Minor de La Habana son mucho más que simpáticos autos ingleses. Son ejemplares de una micro-historia de importación, supervivencia y adaptación.

   En un ecosistema automovilístico dominado por colosos, estos pequeños Moggies (se refiere a gatos mestizos, sin pedigrí) encontraron su hueco, demostrando que la tenacidad cubana para mantener lo que funciona puede aplicarse a cualquier máquina.

   Tal aplicación es sin importar su tamaño u origen. Cada uno que circula es un tributo rodante al ingenio, una pequeña y roja prueba de que en Cuba, hasta lo más improbable puede echar raíces y perdurar.

   Para quienes son curiosos en profundidad, pueden entresacar muchos más datos mediante la lectura de O'Neill, G. (2017). Morris Minor: 70 Years on the Road. The History Press (Historia técnica y social completa del modelo, contexto de su producción y éxito global), entre muchas más fuentes y, por supuesto, entrevistar a cualquier propietario de ellos en Cuba.

 

DATOS DE INTERÉS

    El Morris Minor fue un fenómeno de producción. Según los registros de la British Motor Corporation (BMC) y los archivos del British Motor Museum, las cifras oficiales son:

.-Producción total (1948-1971): un millón 619 mil 857 unidades.

.-Desglose por carrocería más común:

    .-Sedán de cuatro puertas: La variante más numerosa.

    .-Tourer (Descapotable): Muy popular y hoy muy codiciado por  

       coleccionistas.

    .-Traveller (Familiar de madera): Un ícono con laterales de madera.

    .-Furgonetas y pickups (Commercial).

Pico de producción: A finales de los años 50 y principios de los 60, se fabricaban más de 100 mil unidades por año. Fue el primer auto británico en superar el millón de unidades vendidas.

.-Es uno de los autos clásicos mejor preservados del mundo debido a su robustez, simplicidad y un enorme club de fanáticos.

.-Estimación global de unidades sobrevivientes (2024): Se calcula que alrededor de 100 mil a 150 mil Morris Minor siguen existiendo en todo el mundo.

.-Esto representa aproximadamente un 8-10 por ciento de la producción total, un porcentaje excepcionalmente alto para un auto de su era.

.-Países con más ejemplares: Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y países nórdicos. Existe un mercado activo de restauración y piezas.

 

EL CASO CUBANO. CIFRAS

    Aquí entramos en el terreno de las estimaciones, ya que no hay un registro oficial centralizado de autos clásicos no-americanos en Cuba. La información se basa en observaciones de clubes, mecánicos especializados y la comunidad de coleccionistas.

   Estimación de unidades importadas a Cuba (1950s-1960s): Se cree que el número nunca fue alto, probablemente en el rango de unos pocos cientos. No fue una importación masiva como la de los autos americanos, sino más bien un goteo de vehículos para un nicho de mercado que buscaba algo económico y diferente.

   Estimación de unidades que sobreviven en Cuba (2024): Este es el dato más difícil de precisar.

   Los expertos y entusiastas con los que se consulta sugieren una cifra que podría estar entre 30 y 70 unidades en todo el país, con la mayor concentración, sin duda, en La Habana.

    ¿Por qué tan pocos? Su pequeño motor y construcción menos sobredimensionada que los autos americanos los hicieron más vulnerables al desgaste en condiciones tropicales y con falta de piezas específicas.

   Muchos sucumbieron al canibalismo (usarse como donante de piezas para otros) o fueron abandonados cuando fallaban componentes críticos irreemplazables.

 

LA ADAPTACIÓN CASI INFINITA EN CUBA

El Perfil del Morris Minor Cubano Sobreviviente. Los que logran rodar son testimonio de una adaptación extrema.

1.  Motorización Híbrida: Es muy raro encontrar uno con su motor original de 948cc o 1098cc. La gran mayoría han recibido Trasplantes de motores más modernos y accesibles. Los más comunes son:

Motores Lada 1.3/1.5L (rusos): La conversión más frecuente.

Motores Datsun/Nissan A12/A15 (japoneses): Muy apreciados por su fiabilidad.

 En algunos casos, pequeños motores diesel o de origen coreano.

Estado: Van desde Patinetas (carcasas en movimiento con múltiples adaptaciones) hasta ejemplares restaurados con enorme cariño por coleccionistas puristas. Estos últimos son joyas ultra-raras.

Valor y Percepción: No tienen el valor comercial de un Chevrolet '57, pero para un coleccionista conocedor en Cuba, un Morris Minor en buen estado es una pieza de gran valor histórico y singularidad.

   Y es el caso que el Morris Minor que fotografié en La Habana es, por tanto, un Auténtico Fénix rodante.

   Representa no solo una de las más de 1,6 millones de unidades fabricadas, sino que pertenece a un grupo minúsculo y heroico de probablemente menos de 50 supervivientes en Cuba.

   Supervivientes que desafían seis décadas de clima, escasez e ingeniería inversa.

   Cada uno que se ve en la calle es un pequeño milagro de la tenacidad mecánica cubana aplicada a un símbolo de la austeridad británica de posguerra. Fotos que significan un fragmento rodante de una historia doblemente improbable.

rfc/ 









 

lunes, 15 de diciembre de 2025

ATRACTIVOS TURÍSTICOS. ANTES DE CERRAR 2025. La práctica del Kayak turístico crece en Cuba, dicen guías Por Roberto F. Campos. FOTOS EL AUTOR

 



ATRACTIVOS TURÍSTICOS. ANTES DE CERRAR 2025.

La práctica del Kayak turístico crece en Cuba, dicen guías

Por Roberto F. Campos. FOTOS EL AUTOR

 

La Habana, 15 dic.2025. La práctica del Kayak turístico crece hoy en Cuba a juzgar por las confesiones de los guías de viajes y resúmenes de la actividad de aventuras, naturaleza y ruralidades.

   Reportes del Ministerio de Turismo (Mintur) reseñan esta manera de pasarla bien en vacaciones y los programas que al respecto aguardan a quienes vienen en plan de descanso activo a esta isla.

   Para esta nación, el kayak crece como oferta turística, aprovechando sus excepcionales condiciones naturales.

   Se desarrolla principalmente en áreas protegidas de singular belleza, como los cayos del norte de Villa Clara y Ciego de Ávila (Jardines del Rey), donde las aguas tranquilas y transparentes de los canales entre manglares permiten paseos seguros y llenos de vida silvestre.

  También destaca la Península de Zapata, el mayor humedal del Caribe, un laberinto acuático ideal para observar aves y una vegetación exuberante.   

   Otros puntos importantes son el Río Canímar, cerca de Matanzas, con sus altas paredes calcáreas, y la Bahía de Cochinos, de gran interés histórico y ecológico.

   El kayak en Cuba se promociona como ecoturismo, una actividad de bajo impacto que combina deporte, contacto con la naturaleza y conservación, siendo una alternativa muy atractiva para el viajero que busca experiencias más allá del sol y playa.

   El kayak no es un invento moderno, sino una tecnología de supervivencia milenaria.  Sus creadores fueron los pueblos indígenas Inuit, Yupik y Aleutianos en las regiones árticas de Norteamérica y Groenlandia, hace al menos cuatro mil años.

   La palabra Kayak significa Bote del cazador. Estas embarcaciones, construidas con armazones de madera o hueso recubiertos de pieles de foca (especialmente de foca), eran increíblemente ligeras, rápidas y herméticas.   

   Era una herramienta tan personal que, se dice, se construía a la medida exacta del usuario. Su llegada a Europa y posterior transformación en actividad recreativa y deportiva ocurrió siglos después, gracias a exploradores y aventureros que adaptaron su diseño con nuevos materiales.

   La industria turística mundial ofrece desde alquileres simples y clases para principiantes hasta expediciones guiadas de varios días con todo incluido.

   Se calcula que, en un año de alta actividad turística (antes de la pandemia de la Covid-19), alrededor de 60 mil visitantes extranjeros practicaron con Kayak durante su estancia en Cuba. Esto incluye excursiones de medio día en cayos, recorridos por manglares o alquiler en resorts.

   Esta cifra representa una fracción pequeña pero creciente y de alto valor dentro del total de visitantes que para ese momento mencionado era de poco más de cuatro millones de turistas, por lo que en la actualidad se potencia como parte de la recuperación turística de la isla.

    Por su parte, a nivel mundial el estimado apunta a  decenas de millones de turistas al año que practican con kayak como parte de sus vacaciones.   

   Un informe de la Outdoor Foundation señaló que solo en Estados Unidos, unos 25 millones de personas practicaron kayak (incluyendo recreación local y turismo) en 2021.

   Si se extrapola a nivel mundial y se filtra por turismo internacional, una estimación conservadora situaría a los turistas que practican kayak entre 15 y 25 millones anualmente.

      El kayak es un componente central del enorme mercado del turismo de aventura, que la Asociación de Viajes de Aventura (ATTA, por sus siglas en inglés) valora en cientos de miles de millones de dólares a nivel global.   

   Países como Canadá, Nueva Zelanda, Noruega, Costa Rica, Tailandia y Croacia tienen ofertas turísticas donde el kayak es una actividad protagonista.

/rfc





domingo, 9 de noviembre de 2025

TURISMO DE CUBA La Punta, fortaleza que todos fotografían en Cuba Por Roberto F. Campos. FOTOS EL AUTOR.

 

TURISMO DE CUBA

La Punta, fortaleza que todos fotografían en Cuba

Por Roberto F. Campos. FOTOS EL AUTOR.

 

La Habana. Domingo 9 de nov. 2025. La fortaleza de La Punta está muy bien ubicada, al punto que muchos visitantes sean extranjeros o no toman fotografías para un recuerdo de siempre.

   Ese castillo forma parte del sistema de fortificaciones de la época colonial española y que representa una imagen clásica para postales, autorretratos o selfies y el panorama gráfico cubano.

   El Castillo de San Salvador de La Punta, conocido popularmente como La Punta o Castillo de la Punta es ese escenario mencionado. Se alza a la entrada del puerto de La Habana.

   Forma parte del primer sistema defensivo con que contó La Habana junto con el Castillo de la Real Fuerza y el Castillo de los Tres Reyes del Morro y se puede añadir a La Cabaña.

   Estas tres fortificaciones aparecen en el escudo de la ciudad. El trazado de la fortaleza data de las últimas décadas del Siglo XVI, obra del ingeniero militar Bautista Antonelli.

   La construcción estuvo a punto de ser detenida por impedimentos económicos y contradicciones entre Antonelli y las autoridades.

   Después de una reparación capital, a finales del Siglo XX, se instaló en el castillo el Museo San Salvador de La Punta.

   Fue declarado en 1982, Patrimonio de la Humanidad junto al centro histórico y al sistema de fortificaciones por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, las Ciencias y la Cultura (Unesco).

 

UN CASTILLO CON MUCHA HISTORIA

   Durante la primera mitad del siglo XVI se prohibía en San Cristóbal de La Habana cortar leña en los bosques que rodeaban la villa y hacía imposible el acceso a ella desde la zona de la Chorrera, para evitar así crear nuevos caminos que pudieran servir a los piratas.

   El 10 de octubre de 1550 el cabildo habanero acordó desmontar el camino entre la antigua fortaleza de Hernando de Soto hasta la Chorrera, para hacer más efectiva la artillería y a su vez, limpiar la manigua existente a las puertas del poblado.

 

   Después del ataque del pirata francés Jacques de Sores, en febrero de 1556, se establecen velas (vigías) en la entrada de la bahía, por sotavento, en un lugar que ya nombraban la Punta. En 1565, mediante Real Cédula, se ordena construir un torreón que tendría seis piezas de artillería y una guarnición de 25 a 30 hombres.

   El 21 de enero de 1567, Pedro Menéndez de Valdés, adelantado de la Florida y encargado de las defensas visita el emplazamiento, y el 27 de febrero de 1582, Gabriel de Luxán concluye las trincheras de defensa.

   Así describen los historiadores este lugar que hoy se puede visitar y apreciar. Durante el período de Diego Fernández de Quiñones en la alcaldía habanera, se construye en La Punta una trinchera con una plataforma de fagina y tierra que un temporal destruye.

   Para 1584 se erigió un fuertecillo de piedra y arena, donde se ubicaron ocho piezas de hierro colado.

   En los proyectos de sistemas defensivos de las ciudades coloniales del Caribe, intervinieron el maestre Juan de Tejeda y el ingeniero militar Bautista Antonelli, quienes arribaron a Cuba el 2 de julio de 1587.

   El plan defensivo estaba formado por el sistema de velas y señales de avisos, plataformas, trincheras, caminos cubiertos, puestos de observación de madera y torres.

 

DEFENDER A LA HABANA

   El primer sistema defensivo de La Habana se sustentaría en tres edificios: el Castillo de la Real Fuerza, que ya estaba construido, el Castillo de San Salvador de la Punta a la entrada de la bahía, en sotavento, y el Castillo de los Tres Reyes Magos del Morro, en barlovento.

   Los trabajos constructivos comenzaron en 1589. En 1593 ya la Punta se encontraba en condiciones aceptables.

   A las primeras obras de Tejeda y Antonelli, agregó otras su sucesor Lorenzo de Cabreras. Pero en la noche del 29 de agosto de 1595 una tormenta destruyó gran parte del Castillo (la reconstrucción estuvo a cargo del ingeniero Cristóbal de Rodas).

   En 1762, una flota inglesa atacó La Habana. La Punta, junto al Morro hizo frente a la escuadra británica sin que esta intentara forzar el puerto. El castillo resultó dañado luego de que los ingleses tomaran El Morro y dirigieran el fuego de sus baterías contra él.

   Finalizada la dominación inglesa de La Habana, el ingeniero militar Silvestre de Abarca plantea la necesidad de reforzar la guarnición de La Punta con aproximadamente 300 hombres, y ante algún ataque enemigo, con 600, además de colocar dos o más compañías de infantería por la espalda de la fortificación.

   A partir de 1763, La Habana comenzó a fortificarse por segunda vez: se replantearon las fortificaciones ya existentes y se construyeron otras, como la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, el Castillo Santo Domingo de Atarés y el Castillo del Príncipe.

   En la Punta se instalaron cerca de 200 piezas de bronce de México y España. Durante el siglo XIX, el Castillo de San Salvador de la Punta mantuvo su forma.

   Contaba con pabellón para el comandante, alojamiento para tropas, capilla, calabozos, almacén de pólvora, aljibe. Su guarnición en tiempos normales era de 60 hombres con sus oficiales, en condiciones extraordinarias llegaba a 70.

   En 1821 se realizan algunas reparaciones. Al parecer la fortificación fue utilizada como prisión, quizás hasta la construcción de la cárcel en la década de 1830.

   Desde la explanada de la Punta salían dos ramales del ferrocarril urbano de La Habana. El área exterior, cerca del baluarte de Antonelli, se utilizó como plaza de ajusticiamiento. En ese lugar fueron, en 1871, ejecutados ocho estudiantes de medicina.

   Con el inicio de la guerra de independencia de 1868, se decidió construir en La Punta una gran batería con casamata. Se ejecutaron cuatro explanadas para igual número de piezas de artillería moderna.

   En el siglo siglo XX La Punta tuvo diversas funciones, pues fue sede del Estado Mayor de la Marina de Guerra entre 1915 y 1953, y Puesto Naval entre 1953 y 1959. Después de 1959, se convirtió en Escuela de Milicias, y en la década del 70 fue sede del Instituto Cubano de Hidrografía.

   Con la declaración del centro histórico y el sistema de fortificaciones de La Habana como Patrimonio de la Humanidad en 1982, se acometió la restauración del castillo, que abrió sus puertas como museo en abril de 2002.

   En el 2003 el Castillo de la Punta fue Premio Nacional de Restauración. En abril del 2002 se concluyó un riguroso proceso de restauración y conservación donde se tuvieron en cuenta los criterios científicos más avanzados en esta actividad.

   Los trabajos fueron realizados por un equipo multidisciplinario de especialistas de diferentes entidades rectorados por la Oficina del Historiador de la Ciudad.

   Detalles sobre este lugar se pueden encontrar en las reseñas de Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964) y otros historiadores e investigadores cubanos.

   Donde otrora aparecía un tupido bosque se levantó el Castillo de la Punta en La Habana, actualmente muy atractivo. Incluso, en su derredor, en la explanada de La Punta, en la actualidad, aparecen dos estatuas muy significativas.

   Una se corresponde con Francisco de Miranda (1750-1816), inaugurada en 2007. Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez, revolucionario, quien fuera político, militar, diplomático, escritor, humanista e ideólogo venezolano, considerado como el precursor de la emancipación americana contra el imperio español.

   La otra rinde homenaje a Pierre Le Moyne d’Iberville et d’Ardilliéres (1661-1706), conocido también como El Caballero de los Mares, fue un marino, comerciante, militar, explorador y administrador colonial canadiense.

   La figura en bronce para homenajear a Pierre Le Moyne d’Iberville fue colocada en la pequeña plaza mediante un evento como parte de la IX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno y los festejos por el aniversario 480 de La Habana el 14 de noviembre de 1999.

   De cualquier manera, la Punta y su entorno constituyen, además de un bello escenario, un espacio de historia y de constantes visitas de turistas interesados en conocer detalles y tomar buenas fotografías.

/rfc

#cuba #fortaleza #la #punta #turismo











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