NOVEDADE TURÍSTICA Y DE TRANSPORTE
Los Morris Minor de Cuba, atractivo
turístico
Por: Roberto F. Campos, FOTOS: EL AUTOR
La Habana, sábado 14 de febrero de 2026..-
Uno de los atractivos turísticos más sobresalientes hoy de Cuba está en los
coches antiguos o clásicos que corren por las calles del país, sobre todo en La
Habana, cargados de ingenio y colorido.
En ellos pasean por lugares atractivos los
turistas, sobre todo viajeros que llegan con un plan de vacaciones que los
incluye.
Un automóvil Antiguo y uno Clásico, se diferencian, pero realmente las
disparidades son casi mínimas.
Los expertos consideran que la principal diferencia es la edad y el
valor cultural-legal, pues el primero suele tener más de 30-45 años, y es
valorado por su rareza y antigüedad original.
Mientras, un Clásico suele tener
20-30 años y se define por su diseño, iconicidad y estado de conservación,
siendo a menudo sinónimo de vehículos de época deseados como Muscle cars (coche
musculoso), aunque Histórico es una categoría legal que requiere catalogación
oficial.
Pero en La Habana y otras ciudades cubanas esa diferencia es casi
imperceptible. Sobre el tema, sin embargo, nos llamó la atención un Morris
Minor, vehículo poco usual en el transporte de turistas, sobre todo por no ser
descapotable por lo general, en algunas versiones y más pequeño.
De ahí, que entresaquemos de esa flota de coches con atractivo este
modelo para ponerlo como ejemplo de que mantenerlo rodando constituye todo un
acontecimiento.
MORRIS MINOR EN ACCIÓN
Podríamos hablar entonces de Una Mancha Roja en el Tráfico Habanero, a
juzgar por unos mecánicos improvisados consultados por este periodista.
Entre la marea de cromados Chevrolet Bel Air y Ford Fairlane de los años
50 que dominan el imaginario del auto clásico cubano, existe una silenciosa,
diminuta y peculiar resistencia: el Morris Minor.
Estos pequeños automóviles británicos, a menudo pintados de un rojo
brillante, se convirtieron en curiosidad rodante dentro del paisaje urbano de La
Habana.
Su presencia es testimonio de la diversidad y la capacidad de adaptación
de la isla, donde no solo sobreviven los gigantes americanos, sino también
estos humildes, pero resilientes autos ingleses.
El Morris Minor fue concebido por el legendario diseñador de la
industria automotriz británica, Sir Alec Issigonis (quien más tarde crearía el
revolucionario Mini).
Fue presentado en el Salón del Automóvil de Londres de 1948 como un
vehículo práctico, económico y moderno para la familia británica de la
posguerra. Fue un éxito instantáneo, produciéndose hasta 1971, con más de 1,6
millones de unidades fabricadas.
Por tanto, se hace obligatorio referir sus características. Por ejemplo,
en cuanto a su diseño, tiene una carrocería monobloque (en lugar de con chasis
separado) redondeada y orgánica, que marcó una ruptura con los diseños
angulosos pre-guerra.
Referido a su tamaño, es muy compacto, con una longitud de poco más de 3,7
metros. Lleva un motor originalmente de 918 cc y 27.5 HP (en su versión inicial
Series MM).
Y luego evolucionó a motores de 948 y 1098 cc en versiones posteriores
(Series II y 1000). Jamás fue un auto veloz, pero sí notablemente económico.
Por tanto, entre sus curiosidades están los sobrenombres, pues en el Reino
Unido se le conoce cariñosamente como The Poached Egg (el huevo escalfado) por
su forma, o Moggie, un apodo británico informal.
La ruta de los Morris Minor a Cuba es menos conocida que la de sus
contrapartes americanas, pero sigue la lógica de la importación de vehículos
antes de 1959 (se cree que arribaron a la isla principalmente en dos olas).
La primera llegada fue a Finales de los años 50, en la etapa terminal de
Fulgencio Batista. Cuba era un mercado abierto, por tanto, agentes importadores
podían traer vehículos de Europa para una clientela que buscaba algo diferente
o más económico.
Ello comparado con los grandes coches estadounidenses, y en ese empeño
clasificaron los Morris Minor, con su fama de robusto y barato.
La segunda oleada fue en la Década de 1960, tras la Revolución Cubana de
1959, debido a las trabas económicas, comerciales y financieras de los Estados
Unidos contra la isla, que aún se mantienen.
Tras la Revolución, las fuentes
de repuestos y vehículos nuevos desde Estados Unidos se cortaron.
Cuba diversificó sus importaciones hacia países de Europa del Este y
también hacia aliados occidentales como el Reino Unido. Es probable que algunos
Morris Minor (quizás modelos nuevos o usados) llegaran durante esta década.
Señalan los documentos, que no hubo una importación masiva, sino más
bien un goteo que resultó en una población pequeña, pero significativa llegada.
Los más comunes en las calles
habaneras son los modelos Series II (1952-1956) y los Morris 1000 (1956-1971),
en versiones sedán de cuatro puertas y, en menor medida, los convertibles
Tourer.
Debido a ello, lo que hace a los Morris Minor de La Habana especialmente
fascinantes es su historia de supervivencia.
Empecemos, por la Adaptación Mecánica (El Invento): Al igual que los
autos americanos, los Minor sufrieron el Síndrome de la sustitución de piezas.
Con la casi imposibilidad de conseguir repuestos originales ingleses,
los mecánicos cubanos realizaron y realizan ingeniosas adaptaciones. No es raro
encontrar un Minor con motor ruso de Lada o Moscovich.
También llevan piezas de suspensión y frenos provenientes de una
variedad de marcas soviéticas o asiáticas. Su mecánica simple los hacía
relativamente fáciles de adaptar.
De ahí que tengan en la actualidad un Sello Estético, pues muchos fueron
pintados de colores vivos, siendo el rojo uno de los más populares. Conservan,
en general, sus líneas originales, aunque a veces se les ven faros o llaves de
otros modelos.
Para irnos al Estado Actual, son Autos raros de ver. Muchos están en
manos de coleccionistas o de familias que los conservan con cariño, por
décadas.
Además, no son tan codiciados para el negocio del taxi turístico como
los grandes americanos, por lo que suelen estar más ligados a un uso familiar o
personal.
Se trata por tanto de Un Icono de Nicho. Entre los amantes del automóvil
clásico en Cuba, el Morris Minor tiene un estatus especial, ya que es Underdog,
el pequeño auto europeo que, contra todo pronóstico, también sobrevivió al Período
Especial y a la escasez.
Sin embargo, para el turista atento, descubrir un Morris Minor en las
calles de La Habana es como encontrar una joya escondida. Ofrece una
perspectiva diferente de la narrativa automotriz de la isla.
Y Para el Fotógrafo, su pequeño tamaño y color brillante (a menudo rojo)
crean una composición visual encantadora en contraste con la arquitectura
colonial o los coches americanos.
Captar uno circulando por una calle de Centro Habana o estacionado en
una plaza de La Habana Vieja es una fotografía única, lo que es nuestro caso.
Para el Curioso, es una Conversación segura, pues los dueños de estos
autos suelen ser apasionados de su historia y estarán encantados de explicar
cómo llegó el coche a su familia, qué adaptaciones tiene y las batallas por
mantenerlo en marcha.
En cuanto al que logramos fotografiar, era de un amigo, con algo de
conocimientos de mecánica, quien poco después lo vendió por buscar un vehículo
más grande para la familia, pero llamaba la atención desde un primer momento.
Referente a Un Símbolo de Diversidad, representa que la flota clásica
cubana no es monolítica. Es un recordatorio de que, antes de 1959, Cuba era un
crisol de influencias, y que la resiliencia mecánica post-revolucionaria se
aplicó a vehículos de todas las procedencias.
Los Morris Minor de La Habana son mucho más que simpáticos autos
ingleses. Son ejemplares de una micro-historia de importación, supervivencia y
adaptación.
En un ecosistema automovilístico dominado por colosos, estos pequeños
Moggies (se refiere a gatos mestizos, sin pedigrí) encontraron su hueco,
demostrando que la tenacidad cubana para mantener lo que funciona puede
aplicarse a cualquier máquina.
Tal aplicación es sin importar su tamaño u origen. Cada uno que circula
es un tributo rodante al ingenio, una pequeña y roja prueba de que en Cuba,
hasta lo más improbable puede echar raíces y perdurar.
Para quienes son curiosos en profundidad, pueden entresacar muchos más
datos mediante la lectura de O'Neill, G. (2017). Morris Minor: 70 Years on the
Road. The History Press (Historia técnica y social completa del modelo,
contexto de su producción y éxito global), entre muchas más fuentes y, por
supuesto, entrevistar a cualquier propietario de ellos en Cuba.
DATOS DE INTERÉS
El Morris Minor fue un fenómeno de producción. Según los registros de la
British Motor Corporation (BMC) y los archivos del British Motor Museum, las
cifras oficiales son:
.-Producción total (1948-1971): un
millón 619 mil 857 unidades.
.-Desglose por carrocería más común:
.-Sedán de cuatro puertas: La variante más numerosa.
.-Tourer (Descapotable): Muy popular y hoy muy codiciado por
coleccionistas.
.-Traveller (Familiar de madera): Un ícono con laterales de madera.
.-Furgonetas y pickups (Commercial).
Pico de producción: A finales de los
años 50 y principios de los 60, se fabricaban más de 100 mil unidades por año.
Fue el primer auto británico en superar el millón de unidades vendidas.
.-Es uno de los autos clásicos mejor
preservados del mundo debido a su robustez, simplicidad y un enorme club de
fanáticos.
.-Estimación global de unidades
sobrevivientes (2024): Se calcula que alrededor de 100 mil a 150 mil Morris
Minor siguen existiendo en todo el mundo.
.-Esto representa aproximadamente un
8-10 por ciento de la producción total, un porcentaje excepcionalmente alto
para un auto de su era.
.-Países con más ejemplares: Reino
Unido, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y países nórdicos. Existe un mercado
activo de restauración y piezas.
EL CASO CUBANO. CIFRAS
Aquí entramos en el terreno de las estimaciones, ya que no hay un
registro oficial centralizado de autos clásicos no-americanos en Cuba. La
información se basa en observaciones de clubes, mecánicos especializados y la
comunidad de coleccionistas.
Estimación de unidades importadas a Cuba (1950s-1960s): Se cree que el
número nunca fue alto, probablemente en el rango de unos pocos cientos. No fue
una importación masiva como la de los autos americanos, sino más bien un goteo
de vehículos para un nicho de mercado que buscaba algo económico y diferente.
Estimación de unidades que sobreviven en Cuba (2024): Este es el dato
más difícil de precisar.
Los expertos y entusiastas con los que se consulta sugieren una cifra
que podría estar entre 30 y 70 unidades en todo el país, con la mayor
concentración, sin duda, en La Habana.
¿Por qué tan pocos? Su pequeño motor y construcción menos
sobredimensionada que los autos americanos los hicieron más vulnerables al
desgaste en condiciones tropicales y con falta de piezas específicas.
Muchos sucumbieron al canibalismo (usarse como donante de piezas para
otros) o fueron abandonados cuando fallaban componentes críticos
irreemplazables.
LA ADAPTACIÓN CASI INFINITA EN CUBA
El Perfil del Morris Minor Cubano
Sobreviviente. Los que logran rodar son testimonio de una adaptación extrema.
1.
Motorización Híbrida: Es muy raro encontrar uno con su motor original de
948cc o 1098cc. La gran mayoría han recibido Trasplantes de motores más
modernos y accesibles. Los más comunes son:
Motores Lada 1.3/1.5L (rusos): La
conversión más frecuente.
Motores Datsun/Nissan A12/A15
(japoneses): Muy apreciados por su fiabilidad.
En algunos casos, pequeños motores diesel o de
origen coreano.
Estado: Van desde Patinetas (carcasas en
movimiento con múltiples adaptaciones) hasta ejemplares restaurados con enorme
cariño por coleccionistas puristas. Estos últimos son joyas ultra-raras.
Valor y Percepción: No tienen el valor
comercial de un Chevrolet '57, pero para un coleccionista conocedor en Cuba, un
Morris Minor en buen estado es una pieza de gran valor histórico y singularidad.
Y es el caso que el Morris Minor que fotografié en La Habana es, por
tanto, un Auténtico Fénix rodante.
Representa no solo una de las más de 1,6 millones de unidades fabricadas,
sino que pertenece a un grupo minúsculo y heroico de probablemente menos de 50
supervivientes en Cuba.
Supervivientes que desafían seis décadas de clima, escasez e ingeniería
inversa.
Cada uno que se ve en la calle es un pequeño milagro de la tenacidad
mecánica cubana aplicada a un símbolo de la austeridad británica de posguerra. Fotos
que significan un fragmento rodante de una historia doblemente improbable.
rfc/
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