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martes, 8 de abril de 2014

Bigote Gato, elogio de un turismo histórico





Por Roberto F. Campos

Bigote Gato (nunca Bigote de Gato) era un asturiano considerado por algunos en su época como un loco, y por otros como un empresario sumamente inteligente, ahora su bar renace en La Habana.
  En enero de este 2014, reaparece por tanto el Bar Bigote Gato, en la esquina de Teniente Rey (Brasil) y Aguacate, en La Habana Vieja. Se trata de un lugar pequeño para unos 30 parroquianos, que intenta emular con el establecimiento original en cuanto a intimidad.
  El “nuevo” bar, ocupa una vivienda del siglo XIX, rescatada de sus ruinas, a una cuadra del lugar donde originalmente estaba el Bigote Gato (Teniente Rey No.308 entre Aguacate y Compostela).
  Para el joven comercial Camilo Berriz, de la compañía Habaguanex, todo es novedad, cuando inicia su camino profesional atendiendo a varios establecimientos del complejo turístico Plaza Vieja, una de las cinco plazas más importantes de esta parte de Cuba (Habana antigua).
   Comenta, que por allí aparecen lugares no menos interesantes como El Escorial, La Factoría de Cerveza de Muralla, La Casa del Chocolate, el restaurante Santo Ángel, el Lamparilla o la cafetería Torre La Vega, junto a las novedades: Casa del Queso Le Marriage y Bigote Gato.
   La Habana Vieja, declarada en 1982 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está siempre en constante ebullición. La Oficina del Historiador (Eusebio Leal) y la compañía turística Habaguanex, llevan la batuta en una recuperación con brillo.
   Una estrategia de rescate, historia, mitos, leyendas y buen servicio, se aúnan a los encantos urbanos, mezcla de moradas de otros tiempos recuperadas para el turismo, callejones sinuosos, gente de mucho colorido y espiritualidades diversas.
   El nombre real de Bigote era Manuel Pérez Rodríguez, y algunas versiones lo señalan con un nacimiento el 13 de diciembre de 1910 en Santulano de Las Regueras, Asturias, aunque incluso el mismo se reconocía de Candamo (origen paternos), en la propia región española.
   Lo cierto es, que para 2001 cuando este periodista conoció a Bigote (a los 91 años), confundía ideas, e historias, aunque si recordaba sus momentos de gloria con claridad, quien moriría poco después, el 11 de julio de 2003, en La Habana.
   Bigote llegó a Cuba en 1924 para convertirse en comerciante de éxito, quizás el empresario más famoso de la historia de este país.    
   Su fama fue rotunda, pero muchos cubanos desconocen el motivo. Por un lado, le inmortalizó el cantante puertorriqueño Daniel Santos, al interpretar “Bigote Gato es un gran sujeto que vive allá por el Luyanó”. Esa pieza la compuso el cubano Jesús Guerra.
   Sin embargo, hay mucho más. Crónicas de la época lo ubican al lado de personajes antaño famosísimos como El Caballero de París, un vagabundo de linaje, envuelto en capa negra y melena cana, que se paseaba por los portales de La Habana después de perder la memoria.    
   También estaba relacionado con la Marquesa, Juan Charrasqueado, Tarzán, una pléyade de significativas figuras que, con algún trastorno mental, quizás beneficioso y muy cultural, decoraban los años 40 y 50 de Cuba y otorgaban un toque de distinción a las calles habaneras.
   El 1 de marzo de 1947, cuando ya llevaba 23 años en Cuba y después de muchos esfuerzos, inauguró su propio bar, que tuvo por nombre Bigote Gato (exhibía un largo bigote y una boina roja).
   El Bar Bigote Gato se hizo famoso, sobre todo cuando fundó el Club de los Noctámbulos, que llegó a tener medio millar de miembros, entre ellos el Caballero de París y otros, con los que protagonizó un programa humorístico de la televisión, El Tribunal de los Locos, muy famoso, del que fue su Presidente.
   Para pertenecer a ese Club, había que tener entre 18 y 100 años, y estar en el bar –“el único bar del mundo donde los clientes, por decisión expresa de Bigote Gato, son dueños legítimos” (decía) –entre las 12 de la noche y las seis de la mañana.
   También se exigía practicar la prudencia, el respeto mutuo y no hablar allí de religión ni razas (y tener de 18 a 100 años).
   Bigote Gato ganó un concurso de automovilismo en 1958, no de carreras sino de “cacharros”, con un coche Chevrolet descapotable de 1926 que él llamaba “El Cohete de Bigote Gato”, repleto de anuncios de su bar y club, en el que se paseaba durante los Carnavales habaneros.
   Con el paso del tiempo, su bar –ubicado en la calle Teniente de Rey, no.308, en La Habana Vieja –desapareció, ahora allí hay una casa de familia, motivo por el que no pudo recuperarse en el mismo sitio.
   Algunas fotos importantes desaparecieron de su archivo en aquellos tiempos, pues tenía algunas con El Caballero de París, y con el novelista estadounidense Ernest Hemingway, quien no pudo resistir el embrujo de su bar y le visitó en varias ocasiones.
  
LA NUEVA ERA DE BIGOTE Y SU BAR

   Por los días 18 y 19 de enero de este año entonces reaparece el Bar Bigote Gato, que incluso lleva un sugestivo trago con su nombre, como insignia, con la ocurrencia de una botella de cerveza invertida y abierta dentro de una copa larga.
   Acompañan a una larga lista de tragos y bebidas cubanas e internacionales, los sándwich cubano, de atún, de pollo, de jamón y queso, el bocata catalana, y la jarra de sangría, las tablas de queso y el entremés.
   Y sobre todo, la noticia más inspiradora, de que piensa su gerencia rescatar el Club de los Noctámbulos, para darle un toque de distinción a lugar tan emblemático de la cultura y la tradición de La Habana.
   Su bar tenía un lema que aún conserva: “Conozca a Cuba, visite a Bigote de Gato después: un pedacito de nuestra madre patria con todos sus productos, una palmera cubana con todas sus costumbres”
   Cada mes ofrecía a sus clientes una cena erótica, para los madrugadores, compuesta por: rabo encendido, lengua estofada y de postre, papaya en almíbar.
   Allí se podía degustar, según su carta, chorizo de gocho, y sardinas de Vigo, tomarse un cóctel de los inventados por Bigote Gato como eran el Atila frente a Roma, Espérame en el cielo, y Cuba en llamas.
   El trago que llevaba su nombre, Bigote Gato, el de aquella época tenia de ingredientes raíz de garañón, palo lalambo, jengibre, miel de abejas, ron, ajo, limón y extracto de cerebro de gorrión (decía).
  Bigote se definió como un bohemio, “nacido para hacer felices a las mujeres”.
   La actual morada que ocupa su bar renacido, es una edificación del siglo XIX en la que se conservan muros originales construidos en técnica del Tapial, con piedras ordenadas y ladrillos de barro.
   Dicha morada llevó una restauración del muro de fachada, construyeron un nuevo techo de Armadura de Pares a partir del estudio de los techos coloniales de La Habana, y los carpinteros de dicho rescate fueron jóvenes egresados de la Escuela Taller del Centro Histórico.
  Un lugar con puertas de Tablero Español, con expresión contemporánea, lucetas de vidrios de colores que permiten una iluminación especial y, sobre todo, un ambiente sumamente acogedor.
rfc/











viernes, 17 de enero de 2014

Proyectan una ruta por relevantes bares habaneros

 


Por: Roberto F. Campos

La Habana, 17 ene 2014 Una ruta por los más importantes bares de La Habana constituye hoy uno de los proyectos más interesantes previstos para este año por la Asociación de Cantineros de Cuba (ACC), idea dotada de elementos culturales.
   El presidente en La Habana de la ACC, Bárbaro Vega, agregó a Prensa Latina que se trata de una iniciativa que además de conceptuar una recreación de alta calidad, también tiene en cuenta temas culturales, asociados a esos lugares, de fuertes nexos con la música tradicional.
   Aunque evitó adelantar una relación de esos establecimientos, mostró su satisfacción por el desempeño de la ACC en 2013 y sugirió que este año también estará cargado de novedades y encuentros, muchos de ellos para enriquecer el desempeño de los cantineros cubanos.
   Explicó que el 11 de febrero en el Hotel Habana Libre Tryp de esta ciudad ocurrirá el X Aniversario del Balcón del Habano, también bautizado como Bayamanaco (voz aborigen), taller de cata y pruebas en la combinación de bebidas y habanos, para expertos cubanos y foráneos.
   Esta reunión ocurre a dos días de la apertura del XVI Festival del Habano (24 al 28 de febrero), evento en el que participan más de mil personas de 80 países, y donde los cantineros tienen un papel importante en charlas, encuentros y su organización.
   Además, planean para abril la realización de la Conferencia Nacional de la ACC que examinará la gestión de los cantineros de cara al turismo durante el año anterior, y las perspectivas para el futuro inmediato.
  Dijo que la ACC cuenta en toda Cuba con casi tres mil miembros y resaltó la gran unión entre este tipo de profesional y los sommeliers, o presentadores de cartas de vinos, especialidad doble que detentan muchos de los empleados cubanos de bares y hoteles.
   Otro fuerte vínculo de esta entidad está dado con la Federación de Asociaciones Culinarias de la República de Cuba (Facrc), pues esa troika acapara buena parte del desarrollo recreativo en la capital cubana, en busca de complacer a un viajero cada vez más exigente.
   Vega señaló que en todo el país existen 22 comités gestores de la ACC y la sede central de esta organización profesional se encuentra en La Habana, que cuenta con unos 600 miembros, mientras espera este año crecer hasta los 800 afiliados (la provincia más representada).
   Desde el año pasado, y de acuerdo con la actualización del modelo económico cubano, integran la ACC cantineros con desempeños privados, hasta completar el 25 por ciento del total de la membresía nacional, y con la expectativa de aumento.
   Señaló Vega que los principales planes de esta entidad están enfocados en la superación, con un curso básico para aquellas personas que se inician en dicho trabajo, y otros de mayor nivel, que incluyen aprovechar potencialidades directivas de muchos cantineros.
   La ACC tuvo su antecedente en 1924 con una entidad profesional de alto vuelo que se renovó en 1998, y trae ahora un equipo muy solidó con recio apoyo de compañías como Havana Club International, Comercial Toledo, Pucara, Bodegas Torres, y Freixenet, entre otras.
   Precisamente, el inicio de año está dado por un curso de seis meses para los cantineros y otros especialistas de la compañía Habaguanex S.A, que atiende el turismo en La Habana Vieja, segunda versión para enriquecer en detalles a estos especialistas turísticos.
rfc/

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