El infrecuente calor de Ginebra y el
color local
Roberto F. Campos
Pero no sería un problema si los edificios públicos tuvieran
acondicionadores de aire fuertes, o tan siquiera paletas de aire o
ventiladores, nada de eso, el calor es más apreciable en los salones de
reuniones.
La habitual chaqueta para hombres y mujeres que trabajan en las muchas
entidades globales que aquí radican, por momentos es sustituida por alguna
camisa remangada.
Sin embargo, los lugareños aprovechan esa oportunidad para estar en poca
ropa junto al lago Leman, en el rió Ródano, o simplemente en algún parque bajo
la sombra.
Ayuda a llegar a esos lugares una excelente combinación de transportes,
muy ágiles y puntuales, conformados por un ejército de buses, barcos, tranvías
y trenes.
Las paradas de los buses, por ejemplo, señalan el tiempo de llegada de
una ruta en particular, y lo mejor de lo mejor, es que esas unidades sí tienen
alguna climatización, no de competencia con la canícula, pero por lo menos algo
refrescante.
Ese es el eje de crónica de un grupo de periodistas latinoamericanos que
participan por estos días en un seminario de la Organización Mundial del
Comercio (OMC). Cuando suben a buses o tranvías allí se aprecia un poco mas de
fresco de su acondicionador de aire.
Explican los locales entendidos, que se trata de una cultura suiza
ecológica para proteger al medio ambiente y por lo perjudicial de los gases
refrigerantes se abstienen de emplearlos.
Por demás, al ser un país frio, y los edificios estar preparados para
ello, se trata de un corto tiempo de calor por lo que no es necesario realizar
nuevas inversiones para enfrentar los escasos períodos de calor fuerte.
En las calles el movimiento es continuo, los locales –digamos suizos y
un casi 50 por ciento de extranjeros- andan en patinetas eléctricas y
bicicletas, además de las raudas motos y vehículos de motor.
Hablamos de bicis eléctricas o clásicas, una patineta igualmente
eléctrica, y potentes motos que compiten cotidianamente con lujosos
automóviles.
Muchos funcionarios de Naciones Unidas las emplean, y al llegar a la
puerta de entrada de su edificio se las colocan bajo el brazo y siguen su
rumbo.
Por tanto, estos son días en Ginebra de mucho color, y mucho calor, con
un clima que los periodistas latinoamericanos mencionados pensaban que dejaron
en sus países, sobre todo este informador, para venir a algo más fresco.
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